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“Noche estrellada en el Ródano”

Florence protagoniza un tórrido romance que se teje bajo una noche estrellada en el Ródano, rio caudaloso que corre entre Francia y Suecia. La historia data alrededor del siglo XVIII donde pintores como Vincet Van Gogh, Vladimir Volegov, Vitorino D´angelico Robert Maguire, Adrew Atroshenko y Mark Spain enriquecen la historia con sus retratos. A continuación la 1a. Parte:

noche estrellada sobre el Rodano

Era una noche estrellada sobre el Ródano, una de esas noches que invitan al amor…

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Con atuendo holgado, los pensamientos de Florence se debatían con brío en su interior…

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La tarde anterior recibió cierta invitación, misma que la dejó perpleja, sumida en tremenda irritación, que en otro tiempo seria una dulce satisfacción…

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Se inclinó de golpe, quizá así los pensamientos cobraran cordura. Robert no había dado señales de vida en largo tiempo. Aquella inexplicable ausencia la estremecía y el alma se le debatía, pues al leer aquella nota el corazón susurraría: “basta ya! ¿quien no merece una segunda oportunidad?

El rojo le apetecía, describía de manera perfecta el arrebato de sus emociones, y el deseo de ser amada...

De rojo se vistió, ni un momento lo dudó. El rojo le apetecía, describía de manera perfecta el arrebato de sus emociones y el regreso de las ilusiones…

Optó por un color oscuro, seria mas discreto, no era buena idea aparecer así de pronto y llamar tanto la atención...

Optó por un oscuro color, seria discreta para no dar paso al furor. No era buena idea aparecer así de pronto y llamar tanto la atención. Retoco los labios y a la cita se abalanzó con desmedida excitación…

Pasaron pocos minutos, la sonrisa dibujo su rostro y con mirada iluminada leyo:

Pasaron lentos los minutos, pero Florence aun así agradecía  la complicidad de aquellos largos guantes, sabia que sin  ellos el temblor y cierta humedad la delatarían pues tal furtivo encuentro la desmoronaría…

El rostro se le ilumino y una sonrisa se le dibujo, cuando al fin una nota le llegó:

El rostro se le ilumino y una sonrisa se  dibujó, cuando al fin una nota se le presentó: “Por qué razón una mujer maravillosa como tú, hablaría con un hombre como yo?”
Florence volteó y con la mirada respondió: “No eres cualquier hombre, eres el hombre que yo espero…”
Pero sus labios solo se abrieron para decir: “¿Y por qué no? ¿Existe alguna razón para que el Ródano se prive de tan fascinante colisión?

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