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Noche estrellada en el Ródano (2da. Parte)

Florence protagoniza un tórrido romance que se teje bajo una noche estrellada en el Ródano, rio caudaloso que corre entre Francia y Suiza. La historia data alrededor del siglo XVIII donde pintores como Vincet Van Gogh, Vladimir Volegov, Vitorino Dangelico, Robert Magure, Adrew Atroshenka y Mark Spain enriquecen la historia con sus retratos. A continuación la 2da. parte:

Noche estrellada en el Rodano (2da. Parte)

Regia, suntuosa y orgullosa, Florence recibía la ovación de lo que sería su última presentación. El público con efervescencia aplaudía, de todos lo números éste con esencia se sentía. ¡Qué tristeza! Ella sólo percibió un lugar vacío donde con sutileza, él, admiró su belleza.


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Un viento estremecedor la abrazó por sorpresa. Esa noche estrellada la llenaba de recuerdos que todavía la hacían presa. Atrajo el bolso a su pecho, lo sostuvo con fuerza, evocando la imagen de aquella noche en el lecho. Caminaba muy lento, como perdiendo el aliento, no me miren, les decía, pues la gente ignoraba cuánto le dolía…


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¿De qué se trataba? ¡Vil juego del destino! La noche se alargaba, su cuerpo cambiaba, sus brazos temblaban y no reparaba que en su vientre llevaba fruto de un amor prohibido. Una madeja de promesas sellaron la historia de lo que esta pareja pudo haber querido. Florence ganaba, Florence perdía, un vaivén de emociones que sin pizca de indulgencia ahora ya la perseguían.


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Acariciaba su ausencia, besaba su esencia y así cada vivencia cobraba decencia. Interpretaba el silencio como si en ése descenso Robert la llenara de placer tan intenso, mas sólo sabía que con tremenda osadía invadió su alma y la llenó de agonía.


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Viajemos con Robert, dejemos a Florence, veremos qué piensa, qué hay de su ausencia. Aquí no hay estrellas, solo quimeras y no nos sorprende que ya no es aquella. Tampoco es morena ni viste de rojo ahora es rubia y lo llena de antojo. La acerca a sus labios, la sostiene en sus brazos y cerrando los ojos desliza sus manos. Recorre su cuerpo cual bestia sedienta anhela el olvido de una vivencia. Ahora la rubia cual bella sirena lo envuelve y sofoca con tremenda insolencia.

Continuará…

Puedes leer la primera parte aquí, https://florprofusa.wordpress.com/2015/02/13/noche-estrellada-en-el-rodano/

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